SOBRE EL PLACER, EL DOLOR Y LA FELICIDAD by Luis Roca Jusmet

Cuando Nietzsche dice que hay que aceptar el dolor, no lo dice por considerar que el dolor sea deseable sino porque es inevitable. Respecto al dolor físico está claro y respecto al dolor emocional, en parte, si te implicas a fondo con la vida, con las cosas y con las personas. El dolor, dijo Nietzsche en otro momento, no nos hace mejores, aunque si más profundos. Esto no quiere decir que el placer nos haga superficiales. Quiere decir que el dolor nos abre otra dimensión, nos hace seguramente más reflexivos y conscientes de nuestra precariedad, de nuestra vulnerabilidad. Pero el placer es más profundo que el dolor, afirma Nietzsche en otro aforismo, porque quiere permanecer, mientras que el dolor quiere escapar. Es el placer y no el dolor lo que queremos, pero hay que lidiar con el dolor. No nos queda otra, a menos que nos anestesiemos.

 ¿Es el placer el que nos proporciona la felicidad? Hay aquí una problemática compleja, que los filósofos han abordado de manera diferente. Por otra parte, el cristianismo ha devaluado el placer, considerándolo algo negativo e incluso pecaminoso. El placer me parece bueno, deseable. Pero no es lo que nos proporciona la felicidad. El placer, sea sensorial o emocional, es un sentimiento. La felicidad es algo más importante porque pone en juego toda nuestra humanidad, lo que somos. Implica nociones como “dignidad “y como “sentido”, que son nociones éticas. Sin una dimensión ética perdemos lo que puede darnos grandeza como seres vivos. Los humanos somos animales no acabados, lo que nos hace diferentes del resto de las especies. Nuestras decisiones, nuestros actos, pueden dignificarnos o pueden degradarnos. La felicidad tiene que ver, sobre todo, con esto. Si somos capaces de vivir dignamente, de dar un sentido a nuestra existencia, estamos en el camino de la felicidad. Desde aquí se integra el placer como algo bueno y se soporta el dolor.

 Vivimos en una sociedad que niega el dolor y que quiere vender “felicidad”. Hay un mercado gigantesco de fármacos, de libros de autoayuda y coatchings que nos engañan con falsos atajos y recetas ilusorias. Toda una industria de la “felicidad”. Huyamos de ella.

 Nacemos en una familia, en una sociedad, en un tiempo que no hemos elegido. Ni siquiera nuestra genética. Pero, aunque estemos arrojados al mundo, tenemos conciencia de nosotros mismos y un cierto margen de decisión. No nos queda otra que responsabilizarnos de nuestra vida. Para algunos las condiciones son tan desfavorables que es casi imposible. Otros lo tienen mejor. Pero la vida no es fácil para nadie. Lo decía Goethe: “No te olvides de vivir”. Es el reto más importante. Quizás el parón al que nos ha obligado la pandemia sea la oportunidad para hacer balance de nuestra vida y, si es necesario, tener el valor de cambiarla. Aunque implique dolor.  Seguro que valdrá la pena.

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